Indice

* La vía del sueño : El ángel de San Borja
* La vía meditativa : Instrucciones de vuelo
* La vía alucinativa : To flick or not to flick


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Relatos inconsistentes : teoría del vuelo

Por Alfredo Elejalde.
Lima, 1985-1989


RELATOS

EL ÁNGEL DE SAN BORJA

A los catorce años tuve un sueño que todavía hoy recuerdo con regocijo. Mi casa quedaba casi al frente de un parque cruzado por veredas diagonales de tierra roja. Los arbustos tupidos impedían a los vecinos mirar lo que allí hacíamos los muchachos del barrio y los ocasionales asaltantes emboscados sobre todo a partir de las once de la noche. Era un parque hermoso.

En el sueño, caminaba por la calle al frente de mi casa. La miraba con cierta perplejidad mientras cruzaba a la acera contraria, hacia el inicio del parque. Recuerdo haber tomado la vereda diagonal y que, a medida que avanzaba, mientras mi piel y mis ropas se iban transfigurando hasta hacerse escamosa unidad, pero flexible, mientras mi cuerpo se reptilizaba y se elevaba lenta, muy lentamente, a la velocidad en que surgían las alas de murciélago o ángel caído, cada nueva transformación me daba nueva consciencia de maldad y poder sobrehumanos, de alegría salvaje, de maldad sin alharacas, sin pasiones, sin sentimientos.

Cuando la ascensión se hizo por fin - o por principio - vertical, la alegría más lúcida, más salvaje y cortés, era mía; la sensación de ser el centro de la maldad, de una maldad que se alejaba de cuanto había concebido antes, maldad aséptica, abstracta si no fuese por su realidad, me colmaba de lo que nunca había vivido, al ritmo de las alas que se desplegaban victoriosas sobre las casas de San Borja.

Me queda el recuerdo vago de una ciudad vista muy lejos, abajo, desde donde el aire tiene una inmaculada pureza y la maldad no se asocia con la fealdad, ni ofusca, ni es el sentimiento de rencor, sino el odio mismo. Odio sin sentimientos. Curioso.


INSTRUCCIONES DE VUELO

Si no fuese por la férrea disciplina requerida, cualquiera podría desarrollar este arte. Si fuese un místico diría que todo el mundo sabe cómo, que basta con ver en uno para redescubrir esta olvidada ciencia. Pero claro, no soy un místico. Por otra parte, el proceso de volar es tan intelectual que su descubrimiento no puede ser casual. De hecho, no lo fue, por lo menos para mí.

Después de esa única vez en que soñé que volaba, me pregunté una y otra vez cómo podría volver a hacerlo. Todas las noches, mientras mis amigos del barrio dormían a pierna suelta, me dediqué a ejercitar mis facultades aeronáuticas. No voy a relatar los pormenores del largo, duro y apasionante aprendizaje, pero en cambio diré cómo efectivamente hay que hacer : acuéstese temprano. Una vez en cama, relájese, borre su mente. Si no lo logra totalmente no se preocupe, sólo practique.

Concéntrese en las puntas de sus pies imaginando un punto único que se desplaza de acuerdo a su voluntad. Lentamente, muy lentamente, muévalo hacia la parte superior de su cuerpo. Sea consciente de cada parte de su biología en el momento en que el punto la recorre; consciente como nunca, la mente en eso y en nada más. Si usted es adolescente, no podrá evitar un alto grado de excitación al llegar a las zonas pudendas; procure evitarlo. Sepa que este ejercicio es bueno también para la ampliación de las zonas erógenas y que esa afinidad es una trampa en el camino del aire. Aquí no nos ocuparemos de la vía erótica.

Relajado, recorrido, cuando no sienta su cuerpo sino sólo voluntad, entonces elévese. Su liviandad facilitará que vea cómo los techos de las casas quedan a sus pies mientras usted descubre que está a los pies del espacio infinito. Si es imaginación o realidad no debe interesarle sino hasta que tenga práctica suficiente. Quizás nunca. Algunos - supe después - aseguran que en una de esas, ¡Zas!, se vuela.


TO FLICK OR NOT TO FLICK

Hay una forma de volar que demanda solidez al aeronauta. To flick significa agitar o desplazar un objeto con movimientos suaves, por ejemplo, un fuete sobre el cuello de un caballo en una carrera de brutos o la cola de una vaca rodeada de moscas a las que espanta parsimoniosamente. También puede referir a la acción de golpear suavemente, por ejemplo, un interruptor; o al parpadeo semejante al de la luz de una vela agitada por el viento.

Fliquear es una técnica norteamericana de origen oriental que llegó al Perú por boca de un brasileño que corría tabla en Punta Hermosa. Absolutamente universal y simple : con un papel de liar cigarrillos de un tercio del tamaño de una hoja A-4, arme un burro. Use de lo mejor que exista en el mercado pues nada debe hacer fallar la ocasión. Deseche pepas, ripio y temores. Busque un lugar tranquilo, musical, visualmente estimulante. Exhale todo el aire de sus pulmones y llénelos al tope unas diez veces con el fin de oxigenar, purificar, relajar. Encienda un fósforo y manténgalo prendido unos dos segundos antes de acercarlo al extremo del burro que no esté en su boca. Aproveche ese tiempo para expulsar todo el oxígeno del interior de su cuerpo pues deberá ser reemplazado.Es importante que observe los pasos cuidadosamente para evitar las toxinas del cerillo.

Inhale ahora todo el humo que entre en su vacío interior y contenga la respiración. Tensione, con el humo adentro, los músculos de su cuerpo como si fuese un esforzado pesista. Haga presión sobre sus pulmones con los músculos de la caja toráxica tal como lo haría un buzo sin oxígeno a veinte metros de profundidad. Cuando no pueda más, exhale. Repita el proceso unas diez veces, si puede.

Unos antes, otros depués, logran que el cáñamo llegue de golpe al cerebro, fulgurante, y por breves instantes obtienen una alucinación visual, auditiva o tactil que parece interminable. Puede ser la sensación de conducir un auto ultravelocísimo y casi incontrolable, la mirada reticular de las moscas o la carcajada arquetípica. Los efectos se desvanecerán gradualmente en los siguientes tres días. Los últimos pueden ser terribles.


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