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Poemas del samurai ciegoPor Alfred Shrine.
Lima, 1992 Prólogo a la edición WWW:Por Alfredo Elejalde F. (Lima 1997) Esta página consigna 20 poemas traducidos del inglés al español a partir de la edición de Poetry Review. Ferrand, Clemenceau & Miller, Año V, No 13, Boston, 1987, pp. 23-25. Estas traducciones han sido editadas en el Perú en: Shrine, Alfred. Poemas del samurai ciego. Lima, Ediciones Pedernal, 1994. Las ilustraciones de esa edición, hechas por Javier Cabrera P., serán pronto incluidas en estas páginas. La fantástica historia inventada por Shrine para los Poemas del samurai ciego dice que los originales japoneses habrían sido escritos por Shinishi, el Guerrero Ciego, a fines del siglo pasado, y que ya en los 80's, habrían sido traducidos al inglés por Hideki Yabusaki. Los textos ingleses llegaron hasta mí casualmente. Prólogo a la primera edición castellanaPor Alfredo Elejalde F. (Lima 1994) Esta colección de poemas pertenece a Alfred Shrine, peruano-americano nacido en San Francisco, California, en 1963. El vivió en Perú hasta los veinte años. Tuve la suerte de conocerlo en Boston en 1987; por entonces solíamos hablar de poesía y de esas melancolías que sufren los extranjeros. Supe de primera mano que su educación fue parte hispánica y parte inglesa, y que descubrió algunos misterios de Oriente a través de la lectura del Genji Monogatari, la novela que Murasaki Shikibu escribiera en el siglo XI. Las influencias de Eliot y Wallace Stevens son no sólo notorias sino además aceptadas orgullosamente por Shrine, cuyo mayor interés se centraba en la búsqueda de la expresión de una belleza, de una hiperrealidad -que no debe confundirse con el superrealismo- que se situaría a través de las cosas, sentimientos, y de un "dark shining order" que regiría tanto a individuos como a sociedades. Poetry -dijo una vez Shrine- creates nothing but new dispositions of old words, new reeditions of old feelings. Prólogo a la edición inglesaPor Hideki Yabusaki (Boston 1987) Estos poemas, atribuidos a Shinishi, samurai de la Casa de Iedo, datan del siglo pasado. Shinishi y sus tropas murieron quemados en una de las muchas guerras que asolaron las islas entonces. La legendaria fiereza del poeta iba unida al hecho extraordinario de su ceguera, lo que se refleja en los bellos poemas que nos ha dejado. Sobre sus circunstancias nada hay que decir pues la historia no ha registrado los sucesos de su vida. Podemos adivinar las presencias de la guerra, el amor, la soledad, y dos líneas poéticas claramente definidas ya por entonces en el arte insular : una concepción de la vida y la belleza propia del budismo, y una poética de la expresión de los sentimientos que se aparta de las fórmulas retóricas tradicionales de la época. Se dice en Japón que Shinishi, el Guerrero Ciego, ganó aquella batalla cuyo nombre permanece desconocido para el resto. Poemas:I Escucho el susurro del cerezo donde debe ser arriba Copia, secretario, que me lleva el viento. II No hay palabra ni mano de guerrero ni beso de doncella Sólo viene y ya está huyendo. III Lejanas voces vienen cabalgando vientos Ya olvidé el canto de los grillos. IV ¿Qué es ese sabor de sonrojada fruta? Ya habré de aligerar la bruma que me rodea. V ¿Sería su rostro del color del viento La mar detiene su vaivén al escuchar mi pena. VI Palpo el océano trepando la montaña más alta Ardo e inquiero por alas VII ¿Sería la oscura luminosidad del loto Nocturnos arroyuelos me recuerdan tu sonrisa. VIII ¿Pequeño manantial qué sería el agua clara? Al caer el sol que nace en el ocaso. IX La cabellera de los aromas del vino La noche está poblada de talantes y silencios. X El olor del cerezo llena el sueño del cerezo Una florecilla esplendece si la luz solar viene a ti. XI Perdido en sueños ando descalzo en la nieve Solitario el murmullo y solitaria la pena. XII Soñe un olor que me recuerda la visión de Buddha Seguro era el reflejo del sol sobre mi espalda. XIII Las olas suenan a espuma en la noche silenciosa La guerra es un koto destemplado tañido con la espada. XIV El calor del fuego anuncia la mañana El relinchar de los caballos prepara la batalla. XV El olor del cerezo humedece mi corazón El agua y el aceite no mezclarán jamás. XVI La nieve que cae troncha las tiernas ramas Lentas lágrimas tibias caen de mi espada. XVII ¿Qué dulce ofrenda elevaré a los Dioses? Florecerá el loto frente al rostro de mis padres. XVIII Una barquita de papel más navegará el río cada año ¿Veré su lucecilla cuando en la noche regrese? XIX Las sombras del bosque en las sombras del crepúsculo El viento trae un aroma que ilumina la noche. XX Los murmullos de las hojas viajan con la brisa ¿Acaso el jardín no está siempre completo? YACHAY
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© De la traducción : derechos reservados - Alfredo Elejalde - 1997
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