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La universidad peruana : en las montañas de la locura...Por Alfredo Elejalde F.
Lima (en proceso desde noviembre de 1998) Teóricamente, la producción de ciencia y tecnología se ubica en los peldaños más altos de la pirámide educativa. Aquéllas no se generan ni en los colegios ni en los bachilleratos universitarios, sino en las escuelas de postgrado de las universidades y en los centros de investigaciones del Estado y de las empresas privadas. En esta concepción clásica, el bachillerato universitario es el lugar de la formación de cuadros calificados para las instituciones sociales (empresas, organismos gubernamentales y no gubernamentales, etc), mientras que el colegio se dedica a la formación básica y personal de los jóvenes. En las escuelas de graduados, los catedráticos, dedicados a la investigación, guian al estudiante mediante el desarrollo de proyectos individuales o grupales, o la discusión de hipótesis de sus propias investigaciones. En los bachilleratos universitarios, en cambio, se prepara al estudiante para la vida pública, es decir, se imparten conocimientos aceptados por la comunidad académica y profesional, y se entrenan las habilidades propias del ejercicio laboral o académico. En este esquema, el colegio desarrolla las habilidades fundamentales del individuo (el razonamiento verbal, el matemático, el conocimiento de la propia emocionalidad y del cuerpo) y difunde una autopercepción del estudiante como individuo y como miembro de una sociedad. En resumidas cuentas, el sistema educativo enseña a comprender y manipular el mundo. Teóricamente. Hoy hay una reforma educativa en marcha. Fácilmente se infiere que hay un grupo de personas que ha diagnosticado y elaborado perfiles de los estudiantes de cada nivel del sistema educativo y ha llegado a la conclusión de que el sistema debe ser cambiado. Nuestro deber es comprender los criterios usados para elaborar dicha reforma y evaluar los perfiles propuestos y las consecuencias de su realización. Sólo entonces podremos opinar y asumir una posición al respecto y decidir, por ejemplo, si estamos en contra de toda reforma, de esta reforma o del modo particular como esta reforma afecta nuestras particulares áreas de interés; o si estamos a favor de esta reforma o de otra. Por supuesto, los alcances de nuestra elección son distintos. En mucho. Hay otro aspecto de la reforma que cuesta trabajo asimilar : su carácter vertical. La reforma es impuesta por el Ministerio de Educación sin debate alguno, excepto el ocurrido al interior de los reducidos grupos de personas que componen las comisiones de reforma. Esta particularidad de la aplicación de la reforma provoca rechazo, sobre todo en los medios acostumbrados al debate y al respeto de la consulta. Un manto autoritario cubre y oscurece una reforma que no se sabe si es buena o mala simplemente porque no se conoce ni su espíritu ni su letra. Atrás del verticalismo parece haber desdén por la opinión del otro y la creencia de que el debate democrático es pérdida de tiempo. El rechazo, en este caso, es instintivo y suele estar preñado de indignación. Hábitos de un país signado por el autoritarismo. En Educación y medios sostuve que uno de los problemas centrales del sistema educativo provenía de los distintos tipos de civilización que coexistían en el espacio geográfico llamado Perú : por un lado, un reducido grupo de personas que ha ingresado a la sociedad de la información, otro que se desarrolla en la era de las telecomunicaciones masivas y audiovisuales, un tercer grupo que vive de acuerdo al molde de la civilización escritural masiva, y otro que se desenvuelve en la más descarnada oralidad. Afirmamos también que la oralidad predominaba en la vida de un país que nunca entró a cabalidad en la sociedad del libro y que, por tanto, el problema consistía en decidir si pasábamos de la oralidad a la sociedad de la información directamente o si decidíamos no quemar etapas. En ese mismo ensayo afirmamos que cada tipo de sociedad supone un modo distinto de pensamiento en tanto cada materia significante usada para registrar y manipular el saber impone un modo peculiar de relación con el conocimiento. Así, la oralidad es memorística y grupal, y la argumentación suele basarse en la repetición de afirmaciones unidas mediante el usual conector y. La escrituralidad, en cambio, hace innecesaria la repetición de la misma afirmación en un mismo discurso pues basta señalar su importancia mediante una frase del tipo y lo más importante es.... Ella subordina la memoria a la capacidad analítica pues los datos están allí, en los libros, listos para ser consultados y usados. El discurso escrito argumentativo supone una base lógica, sí, pero sobre todo una retórica del conector, de las afirmaciones relacionadas mediante conectores del tipo pero, aunque, luego, por tanto, en conclusión, etc. La escritura, por otro lado, permite el desarrollo de disciplinas formales y lenguajes artificiales de sintaxis rigurosa como el cálculo de proposiciones o la teoría de conjuntos. La revolución industrial del siglo XIX agregó la dimensión del texto escrito massmediático de tipo periodístico, a caballo entre el relato oral y la crónica escrita. El periódico, incluso en sus páginas más sesudas, no puede ceñirse a los moldes de la argumentación escrita debido a la brevedad del espacio disponible para cada nota y porque el medio está diseñado para la lectura veloz. Esta etapa del desarrollo de la civilización se caracteriza pues por la coexistencia de la oralidad tradicional, la escrituralidad massmediática, la argumentación escrita en lengua natural y la demostración formal. El auge de los audiovisuales La sociedad de la información El colegio La universidad YACHAY
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